Gestion Emprendedora


El deporte de los Gestores: el montañismo – Parte 4 by cardume
diciembre 18, 2007, 5:12 pm
Filed under: 746, calidad, competitividad, Costos, Emprendimiento, Gestión, gestionemprendedora, negocios

Los hombres somos siempre unos niños: nos encantan los equipos y los equipitos. Tenemos autos y motos, relojes y memorias flash, cortaplumas y linternitas, ñañacas y más ñañacas, y gastamos horas de horas en esos hierros. En montañismo no somos la excepción, pero con una diferencia: son juguetes necesarios. Sin una serie de aditamentos (muchos de ellos espectaculares) uno andaría solo e inerme por los bosques y las montañas. Ya hemos hecho referencia a la mochila, y mencionado algunos otros; ahora veremos con más detalles aquellos que la experiencia me ha mostrado que son imprescindibles. Existen una serie de otros juguetes, a cual más sofisticado y caro, pero veremos los esenciales. Nuestras primeras salidas son impresionantes: Rambo es un enano comecaca comparado con la pinta de aventurero africano “gran cazador blanco” que sacamos; pero con el pasar del tiempo gana la racionalidad, Rambo vuelve a su pedestal y nosotros a nuestra humilde humildad.

El reloj es esencial. ¿A quién le interesa la hora en esas soledades? En realidad, a nadie y menos a nosotros. El reloj es una herramienta que se usa para orientarse (los analógicos reemplazan a la brújula), para calcular velocidades de crucero (de marcha) y a veces para mirar la hora. Existen modelos que son tipo tres-en-uno, que traen reloj, altímetro-barómetro y termómetro. La marca Casio tiene varios modelos y son realmente buenos; el mío, que ya llevo unos 8 años aporreándolo (y todavía vive), es el modelo 1160-6500, y hasta ahora se ha mostrado como el más confiable de mis compañeros. Si se usa reloj digital (como yo), conviene comprarle y agregarle una brújula pequeña que se ajusta al manillar. Además, cambiar pilas cada 6 meses, y supervisar que le pongan harta silicona relojera al cerrarlo.

Altímetro-barómetro. Es lo mismo. Indica la altitud a la que se está en determinado momento, y es muy necesario en escaladas por sobre los 1.000 metros. En realidad, lo que mide es la presión atmosférica, por lo que es necesario acostumbrarse a mirar tanto los metros de altura como los milibares de presión. La gracia del barómetro es que anticipa los cambios del tiempo; es decir, se puede detectar bajas en la presión y anticipar (con unas 6 horas) el futuro clima, y tomar las precauciones pertinentes. Si lo usa de altímetro, recuerde que la lectura no es instantánea, y que hay que dejarlo tranquilo durante una media hora para que se ajuste y nos dé la lectura correcta. Existen altímetros de precisión, y lo mismo barómetros, pero son caros y no se justifican en la práctica de deportes. Les recomiendo un Casio, marca confiable. También se puede construir uno con un tubito de vidrio, agua y un chicle pero esa es otra historia.

La brújula es la fiel compañera de los marinos y los excursionistas. Algunos modelos de relojes la traen incorporada, pero les recomiendo una individual. Existen muchos modelos, desde las más simples y chicas (que van en el reloj o en la empuñadura del puñal de supervivencia) hasta las más complejas para ingeniería y topografía. Búsquense una sencilla, tipo Silva (con amortiguación de agua o aceite), con marco en 90 grados y mirilla, y graduación mínima de 5 grados: les servirá para orientarse, para navegar, para calcular la altura de los montes (con unos pequeños conocimientos de trigonometría), para calcular distancias sobre el mapa, y hasta para hacer señales luminosas si tienen la precaución de pegarles un papel metálico aluminado en la tapa. Un consejo: siempre lleven unas 2 o 3 brújulas, ya que no sé porqué es el instrumento que más se pierde. Si no tienen brújula, aprendan algunos trucos: la parte de los troncos que más humus tiene indica el oeste (la puesta del sol); la cantidad de pasto verde junto a los árboles nos indica el recorrido del sol, es decir, la dirección este-oeste; la concentración de algas verdes en los ríos nos indica el este; los troncos de árboles jóvenes apuntan hacia donde sale el sol; las hojas de plantas fototácticas apuntan hacia el sol, según la hora; y así otros trucos que hay que conocer para sobrevivir.

Los mapas y la hoja de navegación son imprescindibles; no llevarlos equivale a caminar a ciegas. Los mapas los encuentran en las casas especializadas; generalmente los Institutos Militares los venden, y son los mejores porque nacen de fotoaerometría. La hoja de navegación se la preparan Uds. mismos a partir de los mapas: es el plan de caminata, voy a partir desde aquí, a tal hora estaré en el punto A (supuesta cierta velocidad de crucero), vadearemos ese río en el punto B,  etc. Si se sabe leer un mapa se puede preparar una hoja de navegación detallada; y si la tiene, es de mucha ayuda dejar una copia en su casa o en algún punto pre-establecido por si se pierde, o se fractura en la mitad del monte; de esta manera, los que vendrán a su rescate sabrán donde buscar y encontrar el cadáver. Conviene tomar unas cuantas clases de navegación con alguien que sepa, o en algún club de caminata; siempre estará agradeciéndolas. A mi me enseñó un militar satinador, de esos que matan tigres a mordiscos, y jamás me he perdido ni me ha pasado nada de consideración.

Los binoculares son de mucha ayuda cuando se va abriendo camino. No recomiendo los grandes, por pesados e incómodos. Una marca buena y de precio barato es la Tasco; también existen unos rusos, muy buenos también, de alcance medio. En general, yo recomiendo no gastar en estos aparatos, ya que hay que hacerse a la idea de que son dispensables: se quiebran, se rayan, se pierden con mucha facilidad. Ahora, si lo que sobra y molesta es el dinero hay bellezas en el mercado, incluso con visión nocturna y hasta con toma fotos. Yo, personalmente, uso un monocular Tasco, por lo pequeño y cómodo de llevar colgado en el cuello. Me basta y me sobra.

La “bolsa de los milagros”. Allí entran los cerillos y encendedores, los lápices para escribir, los borradores, la botellita de lavandina (¡nunca en el botiquín!), vendas, fajas de neopreno, muchos metros de cordones plásticos (de esos para colgar ropa), ganchos para colgar ropa, cintas eléctricas, metros de manga plástica, linternas y pilas, un rollo de durex de embalaje, papel higiénico, botones y agujas, y el infaltable etcétera: muchos etcéteras. Lo que se le ocurra, llévelo, que lo va a usar. Con el tiempo la bolsa va adquiriendo personalidad y especificidad, pero al comienzo es una cartera femenina, sin fondo, ni más ni menos. Respecto al kit de primeros auxilios, dejaremos este tema para un post específico, por lo importante.

Vale la pena agregar un Manual de Cortapalos: un librito con recomendaciones, trucos, etc., que nos enseñe lo que no sabemos. Yo siempre llevo uno que compré en un viaje a Punta Arenas, hace unos años: “Manual Explorar y Acampar”, de Elvio Pero, Zigzag, 1992. Muy didáctico, muy liviano, muy ajado (ya lo estoy arrastrando desde hace 9 años en mis excursiones). En 70 páginas a doble plana resume magistralmente lo que encuentran en el “Complete Outdoors Encyclopedia”, de Vin T. Sparano, y sus 410 páginas a doble plana.

El purificador de agua es conveniente tenerlo. Yo uso uno suizo, de marca Zigg, de carbono activado y malla de 5 micras, cuyo elemento filtrante es lavable y reutilizable. Mide un volumen de 15x5x5 cmtrs. Y pesará unos 150 gramos. Es muy liviano y pequeño. Con él voy recargando mis botellas a medida que encuentro agua en el camino. Y muchas veces el agua que se encuentra no es más que un lodazal: hay que poner un buen pedazo en un plástico y dejar que escurra, y luego purificarla. También se pueden construir un purificador de agua: se corta el poto de una botella plástica de Coca Cola (o lo que sea), se perfora su tapa, se cuelga con la tapa para abajo; luego se va llenando de arena limpia, carbón de madera pulverizado (que puede hacer de una fogata), arena, carbón, en varias capas. Se apelmaza un poco, y se va echando agua por arriba, y recogiendo goteada el agua filtrada por el orificio de la tapa. Es muy efectivo.

La bitácora es una libreta, que forma parte del contenido de la bolsa. En ella se anotan las peripecias del viaje, y se saca papel para dejar o enviar mensajes, así como para envolver especimenes y cuando falta del otro también se usa, aunque es duro y no poroso.

Finalmente, las dos herramientas por excelencia: el puñal de supervivencia y el cortaplumas. Si bien se ve medio ridículo, el puñal tipo Rambo es muy útil. Uno de buena calidad tiene una serie de complementos que son muy necesarios cuando se trata de cortar alambres, o aserrar maderas, o encontrar anzuelos para sacar sardinas de un río, o fabricar una lanza para cazar. Los que vienen del comercio traen muchas cosas que no se han de usar, y cada uno debe cargarlo con lo útil, de acuerdo a la experiencia y a las propias necesidades. Les recomiendo buscar una buena marca, porque esos de la calle se rompen con mucha facilidad. El mío es español, marca Aitor, de hoja desprendible. En cuanto al cortaplumas, escojan de un viaje a las Victorinox, y ojalá a aquella gorda que tiene hasta lupa y peineta. Personalmente porto 2: la Victorinox gorda, y otra china que contiene cubiertos (cuchara, tenedor, cuchillo). Una sugerencia: siempre porten un pequeño puñal de doble filo en la bota; les servirá cuando no puedan disponer de las 2 manos para abrir el cortaplumas.


Dejar un comentario so far
Deja un comentario



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s



A %d blogueros les gusta esto: