Gestion Emprendedora


Emprendimiento: “creo en el poder de la mujer” by cardume
febrero 9, 2008, 4:31 pm
Filed under: 746, calidad, competitividad, Costos, Emprendimiento, Gestión, gestionemprendedora, negocios

Entrevista a Patricia Merino, Directora General de L’Bel en Perú:

Dices que no vendes belleza ni cosméticos sino energía.
Mira, nosotros vendemos belleza ¿no es cierto?, pero una belleza trascendente. Lo que hacemos por ti, de alguna manera, es apoyarte a que logres el éxito en todas las metas que te propones. Y hay una realidad: cuando trabajas sobre tu belleza y cuando logras que el espejo refleje aquello que consideras lo mejor de ti, sales a matar. Sales con un espíritu exitoso y atraes el éxito.

¿Hace cuánto que ves en el espejo a la mujer que sale a matar?
Desde que estoy en Corporación Belcorp. Yo entré a esta compañía hace veinte años, en ese entonces era una ingeniera industrial graduada de la Universidad de Lima y recuerdo que mamá decía que esta empresa había sido lo mejor que me había pasado porque me transformó. Yo era una persona muy profesional, pero tenía mucho por ganar en femineidad y aquí me enseñaron a despertar. Me enseñaron a ser mejor mujer.

¿Cuál era tu meta al graduarte?
No estaba muy clara. Me gustaba mucho la idea de hacer algo por mi país y me incliné por las cuestiones macroeconómicas. Entré a estudiar una maestría a ESÁN y, cuando terminé, tuve la fortuna de que se hizo una convocatoria en el Banco Mundial sobre políticas de desarrollo económico y postulé. Salí elegida para un curso de políticas de desarrollo económico y pensé que trabajaría en esa línea.

¿Y cuando entraste a Ebel dijiste: qué hago en cosméticos?
No, si retrocedes veinte años, era un momento en el que la mujer no tenía muchas posibilidades. Las empresas importantes se permitían poner en los avisos: “Mujeres abstenerse de presentar papeles”.

¿Y te abstenías?
Noooooooo. Yo me presentaba. Siempre pensaba que en medio de esa política podía existir alguna persona que se había perdido la oportunidad de conocer a mujeres que podían hacer las cosas bien. Yo me decía: si la mujer no es considerada como prioridad, tendré que hacer más para que me consideren. Mi reto era prepararme más.

¿Cuán difícil ha sido subir hasta ser una mujer poderosa?
No me considero poderosa. Tengo la fortuna de tener un trabajo que coincide con mi pasión y he tenido mucha suerte de tener equipos talentosos. Para mí, el equipo lo es todo. Como líder pones una visión, inspiras, motivas, ayudas a sacar lo mejor, pero el equipo hace la labor.

¿Y quién te ha ayudado a sacar lo mejor de ti? ¿Quién es tu gurú?
Mi esposo. Yo tengo una relación de veinte años muy feliz con Ricardo. Empezamos siendo grandes amigos, terminamos siendo esposos y encuentro en él toda la inspiración del mundo, toda la fuerza. Él también es ingeniero, estudiamos en la misma universidad y si en algún momento dudé en tomar una decisión, él no me lo permitió. Es una persona que impulsa, un hombre muy profesional y muy humano. Trabaja en Claro, como subdirector de atención al cliente.

¿En la escala, estás arriba?
No.

¿No?
No, él reporta al director general de Claro, diría que estamos igual. Ambos pertenecemos al segundo nivel de la organización, ambos hemos crecido. Siempre me decía: “Tú tienes pasión por tu trabajo y tendremos que encontrar una manera de lograr una familia feliz a partir de una pareja feliz”. Lo hemos logrado con dos hijos maravillosos.

¿Por qué algunas personas no logran sus metas?
El éxito parte de varias cosas. El primer punto es la determinación, eso es lo más importante: tienes que estar determinada a lograr tu meta y no permitir dentro de tu mente un pensamiento que te aparte de la idea de que vas a lograrla. Tienes que administrar tus pensamientos: este pensamiento no debe ir aquí, vamos a poner otro porque lo voy a lograr. Número dos: tienes que sentir amor en el proceso. Tienes que amar lo que haces y amar a la gente con quien lo haces. El otro componente es la disciplina: tienes que saber qué debes hacer, no dudar y hacerlo una y otra vez hasta alcanzar el éxito. Y lo último: debes sentir pasión por lo que haces. Si tienes pasión, llegas a donde quieres.

¿Se aprende a ser disciplinado?
¡Claro que sí! Traza una meta, construye un camino y sé flexible al revisarlo. Pero, eso sí, trabaja con metas cortas: poco a poco.

¿Y quién te detiene? Has dicho que alguien debe decirte: para un segundo y piensa para que puedas continuar.
Tuve la suerte de poder participar en programas de ‘coaching’ y autodesarrollo que me enseñaron a parar y pensar que yo soy importante. Que tengo que darme un tiempo y tengo que cuidar mi persona de manera integral, que tengo que hacer deporte, comer saludable, darme un espacio. Hoy me cuido, voy al gimnasio, nado, leo, me encanta estar al aire libre. El punto que queda pendiente es mi clase de chelo. Micaela, mi hija menor, ya me sacó ventaja, pero quiero retomar las clases.

Tu hija Micaela tiene 10 años ¿cómo eras a esa edad?
Bastante parecida. Micaela es una niña que gusta de la lectura y yo era igual; escucha música clásica y yo era igual; le gusta pasear. Llevamos una gran amistad y me encanta porque yo era así con mi mamá: éramos una buena dupla. Mi madre fue la gran promotora de todos mis logros y la relación que teníamos era tan linda que mi mayor aspiración era tener una hija para empoderarla. En esas estoy.

¿Tu mamá vio tu éxito?
Sí, ella se nos fue en el 2000 y ya había logrado una posición muy linda en Ebel. Fue una pérdida irreparable, pero hay algo muy importante que queda: yo tengo la energía que ella sembró en mí y no se va.

¿Te han dicho que estás guapa?
El ejercicio, la vida sana y la felicidad que esta nueva filosofía me trae me dan energía. Tenemos el reto de apoyar una causa trascendente para nuestro país y te puedo decir sin pudor que me siento más vital y más energética que nunca.

¿Puedo saber tu edad?
¡Uy! Mejor no porque es una tradición de familia. Tanto que cuando mi mamá falleció y mi hermano Carlos me llamó desde la funeraria y me dijo: “Patty, me han preguntado el año de nacimiento de mi mamá”. Yo le contesté: “Ay, Carlitos, a mi mamá no le gustaba decir su edad”. “Ok, entonces solamente vamos a poner la fecha de fallecimiento”. Si vas a su tumba, solo leerás Moraima. Yo tengo esa escuela.

¿Has pedido que cuando te vayas no pongan tu edad?
Ja, ja, ja. Por supuesto. Están todos muy entrenados y ya saben qué deben hacer. No te digo mi edad, pero sí que me siento muy joven…

¿Y qué dice tu esposo?
Está fascinado y sabe perfectamente que me muero por él.

¿Te mueres por él?
No le digas, ja, ja, ja.

Dilo nomás. Hay quienes se han olvidado de creer en el amor.
Es verdad. Fíjate que estaba en una conversación con mujeres y discutíamos ese punto: sobre cómo nosotras, las mujeres de hoy, las profesionales, no expresamos libremente ese sentimiento; hablábamos sobre nuestras hijas, que ya ni se quieren casar. Una señora que se estaba maquillando dijo: “Qué van a querer casarse si nosotras no le hacemos publicidad al matrimonio”. Tiene razón. Yo creo en el poder de la mujer, en el poder de los afectos y tenemos necesidad de juntar ese amor para apoyar programas sociales. ¿Es posible que existan niñas que formen familias y que no tengan siquiera educación escolar? El Perú tiene los peores ratios en ese sentido y si las mujeres peruanas nos unimos podemos hacer mucho. Hoy estoy hablando de que nace L’ebel como movimiento, que daremos 150 becas este año y el próximo 200, ¿pero cuántas cosas podemos hacer si nos potenciamos como comunidad? Podemos lograr muchos cambios. Esa es la apuesta. No solo queríamos ser Ebel, la marca exitosa, ahora pasamos a ser L’bel, un movimiento que se compromete para cambiar una realidad en el Perú. Queremos que las niñas vayan al colegio y lanzamos productos para recaudar fondos. Mis padres decían que la educación es la mejor herencia para los hijos. Es real. La educación es sinónimo de libertad, es el arma que más empodera a un ser humano porque permite tomar decisiones. Te hace independiente. Nosotros queremos empoderar a la mujer menos favorecida.

¿Te gustaría hacer política?
Me gusta hacer cosas buenas por mi país. Soy una persona que cree en el Perú. Tenemos un país con muchas oportunidades.

Ustedes han hecho una empresa próspera que está en 14 países.
Corporación Belcorp lo hizo bien porque su líder es un gran visionario. Cuando yo ingresé, el país era un país de fronteras cerradas, de industrias nacionales que no eran cuidadosas de la calidad, no se tenía acceso a las tecnología; en ese momento nuestro líder declaró su deseo de pelear en la línea internacional y nos decía que el país se iba a abrir tarde o temprano al mundo y que si lográbamos una marca que fuera exitosa íbamos a sobrevivir. Hoy estamos en América Latina, Estados Unidos y tenemos planes de expansión hacia Asia y Europa.

¿Y cuándo preguntan por qué sobrevivió Patricia?
Patricia salió de una familia que valoraba el trabajo; mi instinto de ayuda brotó de una madre tremendamente solidaria. Soy el fruto de un hogar con valores muy sólidos que giraban en torno a la solidaridad, al trabajo y a la integridad. Soy el esfuerzo de mis padres.

Eres la hija de Moraima.
Eso. Yo soy la hija de Moraima, ella me dio muchísimas alas y entré a una empresa que las fortaleció. Soy la hija de una mujer muy fuerte, muy vital, muy independiente. En el momento que ocurrió el derrame cerebral solo le pedí a Dios la oportunidad de que saliera un minuto del coma para despedirnos.

¿Y salió del coma?
Salió del coma. Logró hablar muy poco, pero sí nos despedimos.

¿Qué le dijiste a tu mamá cuando te despediste?
…No me despedí, en todo momento le dije que pasaríamos ese trance. Pero sí tuve la oportunidad de decirle lo que significaba. Le dije que había sido todo para mí porque había sido una persona que siempre me dio alas y cuando alguien te da alas para soñar y encima te siembra valores lo que te está dando es un puente para cruzar el espacio que tú quieras. Mi madre me enseñó a creer en el poder de las personas y hago lo mismo con mis hijos y con mi equipo. No hacerlo sería traicionar lo más sagrado: su memoria.

¿Y qué de tu padre?
Mi papá es un gran hombre, muy trabajador, un gran profesional. Vivo con él y muero por él. Se llama Carlos y es un papá maravilloso, de esos hombres que jugaba con sus hijos, que cargaba a todos los niños del barrio. Lo quiero mucho.

¿Y tu papá ya aprendió que tiene que echarse cremas?
Ja, ja, ja. No, todavía no lo convenzo. A mi esposo más o menos…

Envía un mensaje a los hombres…
Ja, ja, ja. En el Perú, tienden a pensar que hombre que se cuida es femenino. Felizmente, ya existe una generación que es más consciente del cuidado de la piel. Las personas ya están aprendiendo que la belleza es mucho más que vanidad.

Entonces puedo resumir que estás viviendo la belleza de la vida.
Más: Lo que estoy viviendo es el privilegio de haberme hecho del poder de ser mujer. Eso me hace feliz.

Milagros Leiva, elcomercio.com.pe


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