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¿Llegó la hora de decir las cosas por su nombre? by cardume

Warren Buffett y Bill Gates juegan al bridge, se asocian en obras de filantropía y aparecen juntos en la publicidad de una empresa de aviones privados. Pero los dos magnates comparten algo más: no tienen pelos en la lengua.

En su última carta a los accionistas de su holding de inversiones Berkshire Hathaway, Buffett compara la inversión en el sector de aerolíneas con un “pozo sin fondo”.

Buffett también se burla de la cartera de préstamos de muchas instituciones financieras y califica a algunos consultores como “descendientes directos de la reina de Alicia en el País de las Maravillas, que dijo: ‘Por qué a veces me he creído hasta seis cosas imposibles antes del desayuno'”.

Gates, presidente de Microsoft, ahorra su veneno para Google, la cual ha lanzado un software para la oficina por US$50 el usuario que podría competir con el más costoso Office de Microsoft.

Las versiones de Google no son lo suficientemente detalladas para ayudar a las empresas, dijo Gates recientemente en una conferencia del sector. Agregó: “Para ser francos, el día que las anuncien será su mejor día”.

Tal vez llegó la hora de que más líderes empresariales suelten la lengua. Demasiados presidentes ejecutivos han perdido el poder de la intimidación desde el púlpito por temor a decir algo polémico en público.

En lugar de dar discursos repletos de lugares comunes débiles, ¿qué sucedería si hicieran pública parte de la mordacidad que usan cuando nadie los oye? Este es un momento especialmente malo para ser tímido. El auge de los blogs y los videos en YouTube significa que cualquier charlatán con una historia divertida o punto de vista provocativo puede conseguir la atención del mundo entero durante días o unas pocas horas. Si los líderes empresariales no pueden definir la agenda con palabras que encanten y maravillen, alguien más lo hará.

En segundo lugar, la debilidad de la economía en EE.UU. significa que el éxito este año no tenga que ver con la conquista de nuevos mercados con promesas optimistas. Conservar los clientes existentes, y robar negocio a los rivales debilitados, es lo que hay que hacer. En dichas situaciones, lo que cuenta es un buen codazo.

El atrevimiento de Buffett ayuda a apuntalar su reputación como persona de fiar en casi cualquier tema de negocios. Eso juega a su favor en las negociaciones importantes.

Y los dardos de Gates contra Google representan un esfuerzo por proteger a algunos de los mayores inversionistas de Microsoft contra una poderosa compañía advenediza.

Google inicialmente dijo que su software para la oficina estaba dirigido a usuarios informales o pequeñas y medianas empresas, en lugar de apuntar directamente a los clientes básicos de Microsoft. Pero eso no ha impedido que Google se dirija a las grandes compañías.

Mientras más rudo el mensaje, más importante es encontrar una manera cómica de darlo, dice Merrie Spaeth, especialista de relaciones públicas de Dallas. “A nadie el gusta un tono vengativo”, explica.

Spaeth también aconseja a los directivos que escojan los blancos de sus críticas con cuidado. “Esto no es como la política, donde puedes ser negativo en la campaña y nadie se acuerda”, dice. “La gente de los negocios tiene memoria de elefante”.

Además, agrega, los fundadores de la compañía o los presidentes muy respetados, que llevan mucho tiempo pueden salir indemnes al lanzar críticas que, en boca de otros, pueden parecer insoportablemente arrogantes.

Es fácil ver por qué algunos jefes optan por la seguridad de las frases imprecisas. La aspereza ha sido la marca registrada de algunos ejecutivos funestos, como Jeffrey Skilling, el ex jefe de Enron.

Pero en las manos adecuadas, la brusquedad tiene sus ventajas. Steve Jobs, presidente de Apple, dijo en 2005 que temía producir un teléfono celular, porque tendría que venderlo por uno de los “cuatro orificios”, su apodo para las proveedoras inalámbricas del país. Eso no le granjeó el cariño de las proveedoras.

No importa. Estableció el tono para las negociaciones duras que llevaron a Apple a conseguir un contrato muy favorable con AT&T para el tremendamente exitoso iPhone.

“Para los presidentes, la mejor defensa es un buen ataque”, dice Steve Lipin, asociado de la firma de relaciones públicas Brunswick Group.

George Anders, Wall Street Journal






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